Un humilde blog

jueves, septiembre 06, 2012

Blas.

No es el día en el que esté más inspirada. Me gusta escribir sobre ideas que no tienen que ver directamente conmigo en este blog. Me gusta inventarme sentimientos, crear historias y mezclarlas con matices de mi vida. Pero hoy es muy personal. 

Mi hermanico peludo se fue definitivamente. Mi compañero desde el día que cumplí los 13. Mi regalo de cumpleaños. Mi Blas.

Tuve la suerte de poder despedirme de él. Durante media hora me tumbé a su lado y lo abracé mientras le dije lo buen perro que había sido. Que no me podía imaginar un perro mejor. Le di las gracias por ser tan alegre, tan fiel, tan gracioso, tan cariñoso, tan divertido, tan pesado e inoportuno a veces.

Entiendo que muchas personas no puedan comprender por qué se quiere tanto a un animal. Sé que es simplemente un perro. Pero cada uno tiene sus razones. La mía es que era nuestro compañero.

Él formaba parte de nuestra pequeña familia. Estoy tan lejos que no puedo parar de llorar y de sentirme tonta por hacerlo, porque sé que era viejo y 'tan solo' un animal. Pero no puedo evitar pensar en todo lo que lo echaremos de menos: él era uno más de la familia. Un hermanico peludo con el que siempre contábamos. El chiquitín. Lo triste de despedirse de un colega. De nuestro colega.




miércoles, junio 13, 2012

Canciones que nadie me cantó.






Nunca tuviste pedacitos guardados de recuerdos míos
y jamás los dulcificaste cada día 
con inventiva y des-ilusión.


Fue porque te deshiciste de cajas bien cerradas 
con papeles, fotos, billetes de tren
y cartas con faltas de ortografía.
Celulosa que jamás dolió.


Escuchaste desde el principio canciones que jamás te dolieron.
Canciones que nadie te cantó.


¿Recuerdas el día en el que te cansaste de esperar por las cosas que no ocurrían?




Pic by Theo Gosselin

miércoles, mayo 02, 2012

Decidir.




¿Qué decisión en tu vida hizo que estés aquí, ahora mismo?
¿Fue aquel viaje que no hiciste? ¿Esa novia que dejaste? ¿O el avión que perdiste?
Quizás fue esa mudanza la que hizo que ahora mismo no tengas hijos, estés separado, viudo o viviendo en otro país.
Puede ser que esas palabras que no quisieron salir de tu boca te anclaran a esta vieja ciudad. También puede ser que decidieras pronunciarlas y te alejaran para siempre de tu supuesto sitio, lejos del mar.

Decidiste dejar de estudiar, o seguir haciéndolo. Hiciste nuevos amigos. Seguiste con los de tu infancia.
No le hablaste por primera vez. Le preguntaste lo que te quemaba por dentro. Pusiste la otra mejilla. Devolviste el golpe. ¿Escribiste, miraste, hablaste, escuchaste sin pensar?

El destino es pura decisión.

Pic by: Theo Gosselin

sábado, marzo 17, 2012

No.

Hola, soy yo. Y no me gusta el jazz. Ni ir de compras, ni la colonia de coco.

Tampoco me gustan las fresas, ni que me toquen los pies.

No me gusta el frío, ni la lluvia, ni los trucos de magia.

Odio sonrojarme, odio no ser rencorosa, odio sentirme perdida y odio reírme con comedias románticas.

No me gusta la nostalgia.

No me gusta no conocerte ni me entusiasma recordarte.

No me gusta la música folk.

No me gusta echar de menos a alguien que no conozco.

miércoles, febrero 01, 2012

Necesito Febrero


Necesario.
Necesario es perderse en el propio camino
y mirar la vida desde otro prisma.

Porque la vida a veces pasa rápido,
la música atrona en mis oídos
y casi no escucho lo que pienso.

Pensarescucharcreerveryser.


El año pasado vi el camino desde lejos.
Hace tres, volví a vivir.
¿Este febrero? No importa.
Porque aunque no haya cambios en el camino...
¿Os acordáis de lo realmente importante?
"Resulta que la vida a veces, es tan sólo respirar".

miércoles, noviembre 30, 2011

Hey.


De vez en cuando pienso en cosas abstractas, de esas que se pierden por la cabeza antes de haber sacado una conclusión coherente.
A veces tengo un pensamiento concreto, claro, que se vuelve a perder cuando piso el suelo de la vida real.
Una vida real de un cielo azul, pero contaminado. De un calor demasiado frío. De un suelo frío pero acogedor.

Tengo un escrito para mi amiga Paloma. Y una canción. Pero todavía no os lo puedo enseñar.
No hasta que el dolor sea menor y lo publicado lo suficientemente aceptable.
Porque ella era genial.

miércoles, febrero 23, 2011

Más de 8.700 kilómetros.


Estar lejos y añorar una vida que ya pasó. Que no existe. Que no volverá.
Que sólo vuelve a ser real cuando sueñas: porque al despertar desaparece y asumes que una decisión empuja al cambio.
Al cambio total.

Añorar. Algo tan humano y tan ilógico.
Dormir, soñar, despertar.
Olvidar.

Jamás leía lo que yo escribía. Lo que cantaba. Lo que leía.
Así que si me apetece escribirlo ¿por qué no?
No lo leerá.

No existe una nueva vida hasta que el miedo no desaparece.


jueves, diciembre 30, 2010

21 de diciembre de 2010


Hoy fui a la embajada de Canadá: un décimo-primer piso de una de las 4 torres del norte de Madrid. Se veía toda la ciudad, y yo divisaba claro mi futuro.

Lloviznaba. En lo más alto de la Castellana suele hacer 1 ó 2 grados menos que en el centro. A pesar del frío, al salir del rascacielos decidí bajar andando hasta Plaza de Castilla para coger un bus. Tras 10 minutos de paseo, acompañada por mi música del iPod y unas botas de agua para poder pisar los charcos sin mirar al suelo, recordé que por esa zona había trabajado en un estanco (en aquella época de promotora de Camel…) y fue bastante especial.

En él trabajaba una mujer que, casualmente, era del pueblo de mi familia de Lugo. Aquella gallega me dio un trato inmejorable, me mimó y me hizo sentir en casa. Era amiga de mi tía, y según me contó ella, se preocupó por mí, cuando estuve ingresada en el hospital al acabar aquel trabajo tan extraño. La mujer en cuestión se alegró mucho al recibir la noticia de mi recuperación. Siempre le pregunta a mi tía que cuándo iré al Cádavo y se interesa por cómo estoy.

Así que, recordando todo esto, decidí acercarme al estanco divertida e ilusionada por mi ocurrencia y repentina decisión. Sin embargo, no encontré el establecimiento. Miré incrédula… ¿era ahora una farmacia? ¿o quizás esa nueva asesoría?... Pero ubiqué correctamente el estanco: las persianas estaban echadas; a través de unos cristales sucios se adivinaba una tienda vacía y llena de polvo. Tan sólo la cristalera del mostrador me daba la razón: era el estanco. Lo que significaba un jarro de agua fría a mi impulsividad. Caía del cielo, además, en forma de lluvia fina e incesante.

Como una niña pequeña, entré enfadada a una pastelería, me compré una ensaimada y me llené el abrigo de azúcar blanco mientras paseaba por Madrid con los Arcade Fire atronando en mis oídos.

En fin, que la lluvia y yo llevamos toda la tarde por Madrid. Y con mucho frío.

PD. Feliz 2011. Yo también espero que tras dos años no muy buenos ¡éste sea el mío!

PD2. Odio la Navidad, por cierto.

lunes, octubre 25, 2010

No todo va a ser risa.

Tragarse las lágrimas.
Como cuando veías una película con alguien delante del cual te daba vergüenza emocionarte antes de los créditos.

Como cuando viste sufrir a aquel niño en el informativo del mediodía. Y no lloraste. Y seguiste comiendo.
Desoyendo los problemas del mundo.

Cuando deshaces el nudo de tu garganta. Y tragas. Fin.

No todo va a ser risa.

Txaro.


[Una canción para acompañar]

miércoles, septiembre 01, 2010

Septiembre


Septiembre. Un nuevo curso. Durante la infancia el año nuevo siempre comienza en este mes. Y el final y el comienzo del colegio marcan nuestra vida y rutina. Así que en septiembre siempre me planteo una nueva vida, otra ocupación y gente a la que conocer. Contrasta con la pena que me da despedir el verano.

Me deprime ponerme pantalones largos. Manga larga. Resfriarme. Y hasta no sudar, me da tristeza. Porque me gusta el verano, y los 40º, y las olas de calor.

Además, en septiembre es mi cumpleaños. Así que septiembre es el mejor y el peor mes de todos. Pero hoy llueve. Aún no estoy contenta. Nostalgia. Apatía. Miau.

lunes, agosto 16, 2010

Mi relato que no ganó un concurso ;)


Transistor.


Se tumbó. Esperando a que afuera, el mundo cayera en forma de lluvia. Hacía frío, y el viento húmedo se colaba por las rendijas de las ventanas, mal selladas.

Un ‘pi’. Dos, tres y cuatro… son las doce, las once en Canarias. La radio de su abuelo se escuchaba a través de la pared. Siempre la misma emisora, siempre las mismas voces, la misma música de gramófono y tangos de Gardel. Nicolás había trabajado en la radio, había pasado casi toda su vida entre micrófonos, noticias y noches sin dormir. Cigarro tras café, café tras cigarro su voz se propagaba por las ondas, y los papeles se amontonaban en la pecera, donde locutaba, sin descanso, todas las noches. La guerra fue difícil.

-Y el franquismo, hija. Vivir lejos es difícil, y que no te dejen hacer lo que quieres, también.


Nicolás se revolvía en su sofá cuando escuchaba algo que no le gustaba, y mascullaba entre dientes, pero nunca insultaba. Sofía jamás le escuchó. Fruncía el ceño, gruñía, y se le pasaba el enfado.

Su abuelo cumplió el servicio militar en Huesca: siempre contaba el frío que pasaba y lo comparaba al de su casa, cuando alguien cercano se quejaba de la temperatura.

- Eso sí que era frío…

- Abuelo, ¡cuenta lo de la corneta!

Y se reía. Porque un compañero suyo tocaba la trompeta y se le hinchaban los carrillos. Tanto, que sus camaradas se reían a carcajadas y no podían evitar saltarse el silencio de rigor, ganándose más de un arresto.

Ahora era un poco más serio. Pero también se reía escuchando las voces que salían del altavoz del transistor. Y roncaba junto a él.

- Mi abuelo siempre duerme con la radio encendida.

Sofía no lo podía comprender. A ella cualquier ruido le hacía sobresaltarse. Aunque el transistor del abuelo, entrando con eco por la pared de su habitación, le hacía sentir en casa.


Nicolás no podía vivir sin su radio, pero un día dejó de funcionar. Así, sin más. Los aparatos, a veces, se estropean de viejos, del uso. Sofía sólo había visto a su abuelo triste cuando se murió María, su mujer. Por eso su nieta, en cuanto se enteró, salió a la calle con unas cuantas monedas y le compró un transistor parecido, y aunque Nicolás se alegró, la abrazó y miró la nueva radio con ilusión, jamás se deshizo del viejo aparato. Sofía siempre sospechó que era un regalo de alguien muy querido.

- Quizás de la abuela María…

Sofía adoraba dibujar y a veces, cuando se cansaba, miraba fijamente a su abuelo. Podía observarlo durante horas. La radio de fondo, dibujaba el marco de su hogar. Un hogar acogedor, con alguna riña que otra y más sorpresas de las esperadas.


Sofía hacía rabiar al abuelo, cambiándole la emisora. Sintonizaba la radiofórmula más moderna. Los últimos temas sonaban y hacían que Nicolás frunciera el ceño, otra vez, entre enfadado y divertido.

- Sofía…

Pero giraba la ruleta y otra vez, las voces de siempre.

- Háblame de la radio, abuelo.

- Ahora no, Sofía. Estoy escuchándola.

- Por favor…


Y es que su nieta se conformaba con una anécdota. Dos, a lo sumo. Y se quedaba tan contenta. Presumiendo en el colegio de la que había sido la profesión de su abuelo, y locutando en cintas vírgenes, noticias leídas del periódico. Otras veces presentaba su canción favorita. Y luego la cantaba, claro.

Poco a poco, Sofía descubrió la magia del sonido, de la palabra y la música, de poder construir una historia sólo con el medio sonoro…


Un día el abuelo Nicolás también dejó de funcionar. Como el transistor. De viejo, del uso. Sofía rescató su radio. El transistor viejo y también el nuevo. Los enterró en la montaña favorita de su abuelo. Donde la llevaba de pequeña.

- Es la montaña más peligrosa de todas. Dicen que hay lobos, osos y hasta linces.

Le contaba a la niña. Y Sofía temblaba de miedo y de emoción. Aunque no sabía muy bien qué clase de animal era un lince.


-Pues mi abuelo era radiodista. – contaba la niña en clase a sus amigos.

-¿Y eso qué es? – le respondían con desconfianza los compañeros

-Ay, pues que habla por la radio y es periodista… - contestaba orgullosa Sofía, contando el invento de su abuelo.

Echándole de menos, Sofía creció. Y se interesó por el periodismo. Una carrera, muchas prácticas, becas, fotocopias y cafés… le costó mucho llegar a su puesto, donde podía hablar ante su micrófono para miles de personas que le escuchaban cada día. La radio también se convirtió en su vida.


Cuando aún era becaria en la emisora, le preguntó a su jefe por los archivos sonoros: finalmente Sofía se vio obligada a contarles a los técnicos la historia del Abuelo Nicolás. Como en el cole, siempre le ponía un adorno más cada vez que la relataba, pero lo hacía sin querer.


Los más mayores aún recordaban esa voz que arañabalas ondas… la voz profunda, rasgada y ronca de aquél hombre que jamás se cansaba de trabajar.


Encontrar algunos fragmentos de aquellos programas fue el gran descubrimiento de la joven periodista: se sentía como si, de repente, volviera a tener 10 años. Con la misma ilusión de alguien que encuentra el secreto de su infancia, lo que siempre había querido escuchar: sus raíces, su razón de ser

.

La voz viaja, y a veces se queda en el tiempo, y en la memoria. No siempre las palabras se las lleva el viento, y Sofía aún recuerda al viejo afable, pegado a su transistor y tan enamorado, como ella, de la radio y de su magia.

sábado, mayo 15, 2010

Dulces dieciséis


Nosotras, en la adolescencia éramos felices con muy poco... hacíamos mil planes que se quedaban en nada, pero nos daba igual, planearlo era mucho más divertido.
Nos reíamos de todo, íbamos borrachas con dos calimotxos,
los días de verano eran una aventura: un día venían los de Yecla, otros los de Murcia, que si los de Córdoba...
y luego que si la feria de Albacete, que si la jam, que si déjame el móvil que mire tus mensajes, que si me dejas tus pantacas, que si nos vamos a pintar por ahí, que déjame este CD, que si quedamos en el bar de la Bea...

En fin, hoy hay un espacio para la melancolía y para deciros que os quiero y os echo de menos
.

viernes, abril 09, 2010

Abrázame


Secretos que dejan de serlo después de más de 20 años… y la vida gira y casi no me deja pensar. Me autoinvito a continuar. A veces es necesario un respiro justo después de un descanso…


Y es que hoy, sólo necesito un abrazo.

viernes, enero 08, 2010

¡Para vosotros!



¡Tengo esto abandonado!
Me voy a poner más ñoña que de costumbre...

9 de enero de 2010

Hoy, hace un año que empezó un mal trago.

Desde aquí os quiero dedicar un agradecimiento enorme.
A los que estuvieron con mis padres
,a los médicos y enfermeros, a mi gente, a los que rezaron siendo creyentes o no, y a los que pensaron un momentito en mi mientras soñaba con viajes interoceánicos y conciertos de Extremoduro e Iván Ferreiro.

Miro hacia atrás con una sonrisa, en gran parte, gracias a todos vosotros.


¡¡Feliz 2010!! (con un poco de retraso, ¡vale!)

jueves, diciembre 03, 2009

'Zoe' - Si os aburrís... ¡rollaco a la vista!

Zoe se metió en la ducha y dejó que el agua caliente le abrasara las rodillas. Mientras se iba mojando el pelo pensaba en Gabriel… Recuerdos iban pasando por su cabeza, pequeños flashes inundados de nostalgia y enfado, de amistad y atracción, de aburrimiento, de hace tanto tiempo…

- Lo que no puede ser…

Gabriel era perfecto. De niño era dulce, pero no tonto. De adolescente no era guapo, pero atractivo. De joven era simpático, amable, modesto, divertido… era genial. Con su chaqueta y sus chapas sabía combinar una corbata con unas deportivas, un sombrero con una camiseta de segunda mano… era el colmo de la moda.

Lo conoció, 6 años atrás en una fiesta, en un servicio. Eran tiempos de drogas, de alcohol y de diversión sin control ni mesura. Cruzaron la vista, se cayeron mal. Pero al cruzar la primera palabra en la barra decidieron que serían siempre amigos. Efectos del alcohol o de alguna otra sustancia… pero esa promesa fue manteniéndose y los cafés y las charlas eran cada vez más frecuentes.

Zoe ya salía de la ducha tapada con una toalla rosa, desteñida con el tiempo. Se adivinaba en el espejo empañado por el vaho. Una ducha caliente era su mejor medicina. Esperaba a que las gotas cayeran y el frío pasara.

Aquellos días eran despreocupados. Zoe seguía con su carrera y los fines de semana eran para Gabri. Hubo novios para ella, novias para él. Eran sinceros el uno con el otro, pero siempre mantuvieron una relativa distancia. Nunca hablaban de ella, pero ahí estaba. En unas cervezas, delante de un cenicero lleno de colillas, algo bebido, Gabriel se abrió y le explicó de una manera muy racional lo que sentía. Le preguntó sinceramente que porqué no estaban juntos y dejaban a un lado toda la gente mediocre que nunca les daba lo que los dos se merecían…

Zoe se secaba el pelo y notaba cómo se le subían los colores. Cada vez que se acordaba de ese momento se le revolvían todas las emociones que podía albergar dentro de ella. Cogió el secador y desempañó el espejo.

No pudo responder nada. Lo miró… bajó la vista. Gabriel se acercó, le cogió la cara y se besaron. Nunca nadie le había besado así, era extraño, pero le ponía los pelos de punta. Era un bar oscuro, en la esquina más discreta del pub. No podría existir un sitio mejor que aquél. Zoe no podría calcular cuánto estuvieron besándose, y mucho tiempo después siguió pensando que ninguno de los dos quería separarse porque en el fondo sabían que aquello era una locura de la que podrían arrepentirse demasiado.
Pararon, pidieron una copa. Zoe necesitaba algo fuerte para seguir digiriendo y asimilando lo que estaba ocurriendo. Era como un sueño, pero estaba pasando. El calor subía por el cuello de Zoe tal y como subían los grados de la bebida que iba consumiendo.


(...)

Después de aquel beso caminaron hasta la parada del metro. Sin hablar, fumando el último cigarro de la noche, disfrutando del final de la primavera, con las chaquetas en los brazos. No hizo falta hablar más, se miraron y se despidieron con un beso en la mejilla. La mirada de después dolió un poco. Se conocían tan bien que medio gesto era suficiente para entenderse…

'ZOE'
Lo de luego, la parte calentuza, cuando me editen el libro, ¡para que me lo compréis! :D
Un saludo, morunos!

martes, noviembre 17, 2009

Las niñas de la resi



Banan. Mery. Blankita.

Y quedar, y hablar, hablar, hablar, hablar...
como si no hubieran pasado los años,

y son ya más de ocho.

Qué poco nos parecemos
¡y cómo nos gusta ser tan diferentes..!



jueves, noviembre 05, 2009

Cosas que me hacen sonreir

Cosas que me hacen sonreir

*Las mujeres musulmanas con pañuelo (conozco a la responsable)
*Los padres que hacen el tonto (con un niño que lo mira a
vergonzado)
*Los travestis (luego sueño de Deborah Ombres, me corta el pelo, claro)

*La gente que se ilusiona por cualquier cosa
*Los chinorris modernos
*Los/as que se cogen de la mano por la calle

*Los que bailan sin ritmo ninguno pero se esfuerzan como el que más

*Los que cantan por la calle aunque haga un día de mierda

*Que me regalen una chocolatina en una tienda donde compro (con una sonrisa, por favor)
*Notar que alguien se sonroja
*Notar que me sonrojo (es difícil, pero a veces pasa)

*Los ataques de risa de los demás
*Las canciones que me hacen sentir una quinceañera

*Cuando pienso en que tengo la mejor familia y los mejores amigos del mundo

*¡O mi Blas..!

domingo, octubre 11, 2009

Macro


Algunos gusanos con alas,
nada más.

miércoles, octubre 07, 2009

Arrugas de madera

La tempestad se desató por la noche pero no se produjo nada extraordinario

Un beso a medias,
una sonrisa entera..

Y pequeñas arrugas de la vida
que se marcaron en tu camino.








¡No tengo tiempo ni para pensar!

lunes, septiembre 07, 2009

Uno de mis finales favoritos...


-¿A dónde va usted?
-Quién sabe? Otro barrio, otra ciudad, otro empleo.. soy dueño de mis actos
-Tiene gracia, como yo. ¿Dónde tiene las cartas?
-Estan ahí

-No lo comprendo... ¿y el Sr Sheldrake
?
-Le enviaré todos los años un pastel por navidad...
¿Quién da?
-La quiero, señorita Kubelik

-3, reina

-¿Me oye señorita Kubelik? Estoy locamente enamorado de usted.
-No diga más y juegue.

Final de: 'El apartamento'. Billy Wilder